domingo, 15 de enero de 2012

‘Entre les murs’

Para terminar las asignaturas del Máster Sociedad, Familia y Educación y Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad hemos visto la película francesa ‘Entre les Murs’. Nos narra la vida dentro de un instituto de secundaria durante un curso, centrándose en una clase de cuarto (en torno a 14-15 años). Durante todo el metraje vemos a los distintos personajes como reaccionan ante situaciones del día a día: situaciones de disrupción que dificultan el discurrir de la clase, alumnos que parecen ausentes, esfuerzos por dialogar para intentar profundizar en algún problema que haya sucedido fuera del aula y que puede estar repercutiendo dentro, intentos de sacar lo bueno de algún alumno con una actitud totalmente negativa dentro de la clase, situaciones límite en las que se pierden los nervios, conflictos personales por no saber qué es lo correcto ante un problema grave…

A partir de un determinado momento, el peso de la trama recae sobre uno de los alumnos, Souleymane, que por su actitud y comportamiento y otra serie de circunstancias, llega a ser expulsado del centro. Desde un primer momento, demuestra un claro desinterés por las clases, no lleva el material a clase, no quiere intervenir ni hacer los trabajos cuando se le pide, hace preguntas fuera de lugar, y además, en ocasiones es aplaudido y jaleado por el resto de compañero cuando da un ‘corte’ al profesor. Procede de Mali, y la relación entre la familia y el colegio se ve dificultada por la barrera del idioma: todas las notificaciones que envía el tutor son firmadas por la madre desconociendo el contenido. Aparece, por otro lado, de forma poco clara y sólo por referencias, la figura del padre. Quizá sea autoritario. Esto podría explicar la preocupación que siente Khoumba, una compañera, de que sea devuelto a Mali cuando planea la hipótesis de su expulsión, y también pueda influir en el comportamiento de Souleymane.

Pero a pesar de que la atención se centra en los alumnos, a mi me gustaría fijarme en la otra parte: el profesorado. Y no sólo en François, el profesor de lengua con el que seguimos la historia de esta clase, sino con el resto del profesorado. ¿Qué actitudes presentan ante estas situaciones? Tenemos pocos momentos en los que aparecen, pero aún así hay aspectos que se pueden tratar. Expectativas: al nuevo profesor de Geografía e Historia, Frederic, Olivier, el de Física, se encarga de ponerle en antecedentes de la ‘bondad’ o no de los alumnos que le han tocado; trabajo coordinado entre distintas disciplinas, parece que hay un intento por parte de Frederic, de Geografía e Historía, por coordinar con François las lecturas que harán durante el curso, pero todas las que le propone le parecen difíciles para el grupo, y no sabemos si al final se ponen de acuerdo o no, pero la impresión que queda es que no; relación entre profesores: parece ser cordial, aunque da la sensación que el trabajo de los profesores es individual y aislado del resto, salvo en las reuniones oportunas; disciplina: se buscan maneras de hacer cumplir la disciplina dados los constantes problemas de disrupción que tienen con algunos alumnos, pero son propuestas basadas en la sanción y el castigo, ¿no es posible encontrar otro tipo de alternativas basadas en la colaboración con otros alumnos, en el diálogo, en la realización de trabajos para el centro…?; cansancio profesional: ¿cómo se reacciona ante una incapacidad de control del aula por parte del profesor de tal manera que no puede llegar a dar la clase? (caso del profesor de tecnología); trato con los alumnos: François en muchas ocasiones utiliza la ironía y el sarcasmo para contestar a los alumnos cuando hacen comentarios fuera de lugar o preguntas no relacionadas con el tema que están tratando, levanta la voz para hacer que se callen y llega a perder la compostura cuando se siente desbordado por la situación (tuvisteis una actitud de como golfas) ¿Cómo reaccionas cuando la situación te supera?

Me llama la atención el personaje de Sophie, una de las profesoras, que aunque no sabemos cómo es en sus clases o en el trato con los alumnos, en las reuniones de profesores o cuando se está tratando un asunto relevante relacionado con algún alumno o con la disciplina, siempre saca un tema totalmente opuesto a aquello. ¿Es una forma de evasión? ¿Es que hay vida más allá del aula y realmente una vez que se sale de ella, allí queda todo?


¿Cómo se resuelve el conflicto que puede llegar a generar por un lado la impotencia de no controlar a un alumno y por otro las consecuencias que un castigo pueda tener?

Quedan muchas preguntas por hacer, y muchas respuestas que buscar.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Trabajo en pequeños grupos

Durante el verano pasado asistí a un curso de inglés para mejorar mi nivel y poder superar la prueba necesaria para acceder a este Máster. Era en el Centro de Linguas da Universidade da Coruña, y el profesor era un irlandés divertidísimo con nombre gaélico, impronunciable en castellano. Las clases estaban planteadas de forma bastante distinta a aquellas a las que había asistido en otra ocasiones y en otras escuelas. La forma de funcionar era: había una pequeña clase ‘magistral’ el tema correspondiente y a partir de ahí se formaban grupos de 4-5 personas, con un captain que hacía las veces de portavoz cuando había que exponer, para desarrollar las tareas que el profesor nos indicaba. Los grupos eran elegidos al azar, pero siempre resultaban heterogéneos en cuanto a nivel de conocimiento del idioma. A pesar de tener un captain, siempre había alguien que por su mayor destreza en la materia sobre la que se estaba trabajando adquiría el rol de líder en el desarrollo de la actividad. Pero la participación e implicación de todos los miembros era real, todos aportábamos y todos alcanzábamos los objetivos marcados. 
Cuando se formaban los grupos, el profesor nos estaba dando el poder de organizarnos libremente y nosotros estábamos adquiriendo la responsabilidad de llegar al objetivo marcado a través del grupo. El profesor dejaba de ‘existir’ para convertirse simplemente en el ‘diccionario’ que resolvía nuestras dudas de vocabulario o gramática, cuando no podíamos resolverlas por nosotros mismos, y en el que nos iba a poner la nota al final del curso. Por tanto, mantenía parte de su poder en la clase. 
En ese momento, yo sólo era consciente de que esa forma de trabajar, además de ser distinta, era mucho más amena y divertida que las tradicionales que me habían impuesto en otras ocasiones (sin ir más lejos, un año antes, en la Escuela Oficial de Idiomas, en francés, de tal manera que después de más de 10 años sin asistir a una clase de idiomas, me sentí como en el colegio, imponiéndome estar callada, no preguntar a ‘destiempo’, estar atenta a la ‘todopoderosa sabiduría’ de la profesora y hacer mis tareas individualmente y sin copiar del de al lado…). Y para colmo, ¡funcionaba! 
A lo mejor no es estrictamente un taller conceptual, según Don Finkel (a nosotros, nos explicaban los contenidos a estudiar, qué eran, para qué servían), pero al leerlo en la parte del libro ‘Dar clase con la boca cerrada’ que ha dejado Alejandro, me lo ha recordado. Era tarea del grupo resolver los ejercicios planteados, entender para qué se usan y en qué situaciones, discutíamos las dudas, resolvíamos aquellas que podíamos, conversábamos sobre lo planteado... y llegábamos a aprenderlo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Sugata Mitra

Hace unos días vi en La 2 el programa ‘La sala. Un paso más’. En la primera parte del hablaban del VI Encuentro Internacional Educared 2011, y en el resumen de ponencias me llamó la atención la de Sugata Mitra. 


No conocía a este profesor indio de la Universidad de Newcastle, ni tampoco su trabajo. Este es un video donde él mismo expone ese trabajo.


Desde  1999 está realizando experiencias de autoaprendizaje entre población infantil del medio rural y de barrios marginales en Nueva Delhi, en la India y también en Camboya, y posteriormente en Italia, utilizando para ellos ordenadores y conexión a Internet. Ha conseguido que niños entre aproximadamente 6 y 12 años sin ningún tipo de conocimientos de informática y mucho menos de navegación en la red, no sólo aprendan a utilizarlo de forma totalmente intuitiva y sin ningún tipo de guía, sino que en algunos casos lo hacían en inglés, idioma que desconocían y sobre temas de los que nadie les había hablado previamente. De momento el experimento continúa y los resultados obtenidos hasta ahora están publicados en la ‘British Journal of Educational Technology’.
Independientemente de las posibilidades que el sistema pueda ofrecer para llevar la educación allí donde no llega, esta forma de aprendizaje hizo que me hiciera varias preguntas sobre el papel del profesor:

_ Si los niños aprenden de forma autodidacta cuando tienen las herramientas adecuadas, ¿qué papel desempeñaría el profesor en esta forma de aprendizaje, si es que desempeña alguno? 

_ Mitra plantea en un momento determinado que si un profesor puede ser sustituido por una máquina, que sea sustituido. ¿Y podría llegar a ser así?

_ ¿El profesor podría ser un guía que plantea un objetivo de aprendizaje y después, cada cual que llegue hasta donde su interés o curiosidad le lleve, supervisando, quizá, unos mínimos?

_ Tal y como se plantea una parte del experimento, los niños se organizan en pequeños grupos de aprendizaje, pudiendo copiarse unos a otros, enseñarse unos a otros, o bien manejando o bien viendo como otros manejan el ordenador. ¿Es una forma de aprendizaje cooperativo espontáneo? 

_Puesto que están aprendiendo en la red, una vez que descubren el uso del mail, de las wikis… ¿se podrían considerar microcomunidades de aprendizaje dentro de una gigacomunidad de aprendizaje que incluye a todos aquellos usuarios de la red que aprenden o enseñan algo de o en ella, y por tanto, en unos momentos son alumnos y en otros profesores, quedando este último rol totalmente diluído?

El hecho de que los niños aprendan de esta manera no me sorprende: he visto como mis sobrinas con cuatro y ocho años aprenden a manejar un smartphone y una Play Station sin ningún esfuerzo… Lo que me parecería fantástico sería aplicarlo a la educación ‘reglada’.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Y ahora qué?

He creado este blog por obligación.Y ha costado, mucho. Quizá no sea el motivo más adecuado, pero sin ese empujón no habría ocurrido.  Ahora ya está, y hay que darle vida. Lo consideraré una forma de terapia, de superación, de ir más allá.

¿Cómo he llegado hasta aquí? Después de mucho caminar, después de ir en busca de un deseo que dejó de serlo, después de retornar al origen.

Tenía unas cuantas cosas pensadas para este inicio, sobre el título del blog, el contenido... Pero de momento, lo dejo aquí. Mañana más.